Primer día: observar antes de tocar
La tentación de tomar la herramienta y producir es fuerte, pero el primer día es coreografía de miradas. Se siguen pasos, alturas de banco, posiciones de pies, giros de muñeca. Anotas chasquidos, ruidos y silencios. Cuando finalmente te invitan a intentar, el cuerpo ya conoce ese baile. El resultado sorprende porque no es azar: la observación construyó un mapa invisible que las manos, por fin, pueden recorrer.